La imaginación, más que la inteligencia o la cultura, es el rasgo que verdaderamente distingue a nuestra especie. Gracias a ella creamos mundos posibles, compartimos ficciones que cohesionan sociedades enteras y damos forma a emociones, decisiones y proyectos colectivos. Pero también es un arma de doble filo: aquello que soñamos puede construir civilizaciones o justificar sus peores abismos. En esa capacidad de imaginar —y elegir qué imaginar— reside nuestro mayor poder y nuestra mayor responsabilidad….