JINETH BEDOYA, LA FUERZA DE LA DIGNIDAD DE UNA MUJER FRENTE A LA GROSERA DEBILIDAD DE UN ESTADO BÁRBARO

  Por: Alfonso Cabrera J.

Las explicaciones del Alcalde son simpáticas, siempre que le preguntan por los escándalos, reitera que es honrado, que es trasparente, que es un hombre serio, pero los hechos dicen lo contrario.

Dicen, quienes la conocen, que Jineth Bedoya es una mujer pequeña, frágil y delicada, comprometida con su oficio del periodismo, un periodismo serio y total al servicio de un país que no la merece, un periodismo serio con el altísimo riesgo de perder la vida en un país mal gobernado, o gobernado por delincuentes.

Debido a varios informes realizados por Jineth Bedoya, sobre tráfico de armas y compra y venta de secuestrados en la cárcel La Modelo, la periodista y su madre sufrieron un atentado y amenazas de muerte. Por recomendación de funcionarios de Inteligencia de la Policía, el 25 de mayo del año 2000, Jineth Bedoya acudió́ a la cárcel La Modelo, para hablar con el jefe paramilitar de la cárcel con el fin de que terminen las amenazas.

Se tramitó la boleta de ingreso a la cárcel, pero antes Jineth fue interceptada por un hombre y una mujer, la encañonaron con una pistola, fue llevada a otro lugar, golpeada, torturada y violada masivamente en un sitio donde habían uniformados. Le dijeron que lo hacían para que la prensa escarmentara, para que no se metan donde no deben. Luego sería abandonada casi agónica en una carretera.

La justicia colombiana recibiría de periodistas, pruebas y grabaciones de los autores materiales, pero se perdió́ parte del expediente y el proceso se engavetó durante 11 años. Solo se reactivaría cuando la Fundación para la Libertad de Prensa denunció el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Muchos años después, por declaraciones de paramilitares se conoció que quien habría pedido a los delincuentes que secuestraran a Jineth, habría sido un ex general de la Policía, pero nada pasó, la justicia miro para otro lado.

La Corte Interamericana asumió el caso, pero el Estado colombiano, en lugar de investigar a los criminales, sancionarlos, proteger a la víctima y pedirle perdón, optó por sabotear la audiencia y encubrir a los criminales.  

La política judicial de los gobiernos colombianos ha sido siempre la de evadir su responsabilidad, proteger a los grandes delincuentes, más si son funcionarios del Estado, y humillar a las víctimas. Exactamente lo que volvió a hacer Camilo Gómez, director de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, quien recusó a los jueces de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, vergüenza iniciativa del actual gobierno, ¡por falta de garantías para el Estado!  Al final tendría que pedir perdón de mala gana. Qué vergüenza de funcionarios.

El caso de Jineth Bedoya confirma que las cárceles no son centros de rehabilitación sino centros de corrupción, como en la principal cárcel del país, en complicidad de los criminales con las altas jerarquías del INPEC y la Policía, que la justicia solo funciona contra los de ruana, y que la presidencia de la republica tiene como principal interés, los contratos de carreteras, la compra de aviones, las concesiones, o la defensa de la b anca, para el uribismo el resto son gajes del oficio.  

Este es el principal argumento que debe tener en cuenta el pueblo a la hora de elegir, para buscar políticos con conciencia social, que sepan lo que le pasa a la gente y comprometidos con darle un verdadero sentido social del Estado.

Camilo Gómez, director de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, es el prototipo del funcionario de turno, un pobre hombre que hace el mandado, una ficha de los directorios políticos, una cuota para pagar favores electorales, ignorante de la historia y de la realidad del país, a pesar de sus títulos y universidades, fiel al patrón e insensible a dolor de la gente

En cambio, Jineth Bedoya, desde su dignidad de mujer, armada apenas con su fe en el oficio, es un ejemplo de ciudadanía, un ser humano gigante por su valentía de NO CALLAR, una verdadera semilla de esperanza para una nueva ciudadanía y un nuevo periodismo.

Vivimos tiempo oscuros, de tiranía y barbarie, en los que seres humanos hermosos y dignos, le dan ejemplo al Estado, de cómo cumplir con el deber, con altura y honor, mientras los funcionarios delinquen con las mafias.

luisalfonsocabrera@yahoo.es

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